Articulo de Jeremy Rifkin en Financial Times: ‘Sólo una “Internet de la energía” puede impedir el desastre’



30/05/2011

Este año hemos asistido a la subida de precios del crudo, contemplado cómo los rebeldes tomaban los campos petrolíferos libios y observado atónitos cómo una central nuclear quedaba totalmente destruida en Japón. Pero pocos han llegado a comprender que estos sucesos tan dispares forman parte todos ellos de un drama oculto. Nuestra economía energética global, basada en los combustibles fósiles y en la energía nuclear, está abocada a un desenlace peligroso y desestabilizador.

En la primera década de este siglo, las naciones emergentes, encabezadas por China y la India, provocaron que una tercera parte de la especie humana entrara en la era del declive del petróleo. Las necesidades globales aumentaron y, ya que la actividad económica requiere energías basadas en el petróleo, consecuentemente la demanda de las menguantes reservas de combustibles fósiles también aumentó.

Cuando a principios de 2008 el precio del petróleo superó la marca de los 125 dólares por barril, se puso de manifiesto que era una locura seguir basando la economía en los exangües depósitos fósiles.

Si nos retrotraemos al pasado, podremos ver que hemos llegado al más alto grado de globalización, a los límites de un sistema económico principalmente basado en los combustibles fósiles. En julio de 2008 el barril de petróleo había subido a los 147 dólares, lo que precipitó una ralentización global de la economía mundial. Esto supuso un terremoto económico que señaló el ocaso de la era del petróleo; el colapso financiero que vimos sesenta días después fue el resultado de este shock.

Esto está volviendo a suceder, acelerado por los acontecimientos de Libia y Fukushima. En 2010 asistimos a una tímida recuperación, pero sólo para reponer inventarios exhaustos.

Cuando el crecimiento volvió a sendas positivas, también aumentó el precio del petróleo (ahora ronda los 110 dólares), y los precios también subieron.

Esto es precisamente lo que se espera de una era del petróleo que entrara en una lenta y duradera agonía: cada vez que repunta la producción, los precios del petróleo suben, el poder adquisitivo se derrumba y la economía se paraliza. Aunque, evidentemente, el petróleo no se va a agotar mañana mismo.

"Debemos mantener con vida el viejo régimen del petróleo el tiempo suficiente como para asentar los cimientos de una nueva infraestructura energética".

Sigue habiendo carbón, arenas bituminosas, petróleos pesados y esquistos bituminosos. Pero éstos son más sucios, más caros y exacerban los cambios climáticos. Ni pueden sustituir nuestras infraestructuras energéticas de la noche a la mañana. El reto está en mantener con vida el viejo régimen el tiempo suficiente como para asentar los cimientos de una nueva infraestructura energética, en parte a través de medidas energéticas eficientes tomadas por empresas y propietarios tratando de bajar los costes en respuesta a la subida de precios.

Sin embargo, lo que necesitamos a largo plazo, es el equivalente de un nuevo paradigma económico; es decir, un cambio sistémico en la forma en que organizamos la vida económica, para ir más allá del petróleo y de la energía nuclear.

Y llegados a este punto opino que nos hallamos en una tercera revolución industrial, donde las tecnologías de internet y las energías renovables convergerán para crear una nueva y potente infraestructura energética.

En un futuro próximo deberemos crear una “internet energética” que permita a cientos de millones de personas producir energía renovable en sus casas, oficinas y fábricas. Esta energía se podrá almacenar como hidrógeno y se podrá usar electricidad procedente de fuentes renovables para dar energía a los edificios, maquinaria y vehículos. El exceso de electricidad podrá ser compartido, del mismo modo que actualmente se comparte información en la red. Los edificios ya se están convirtiendo en microplantas energéticas con la instalación de paneles solares, turbinas eólicas, bombas de calor geotérmicas, convertidores de biomasa, pequeñas hidroeléctricas, etc. A cada máquina se le aplicaría un sensor, y el software mantendría a los propietarios actualizados con respecto a los cambios en los precios de la electricidad, de forma que se podría ajustar el uso de la electricidad y venderla cuando fuera conveniente, convirtiendo a todo el mundo en empresario. Ya podemos entrever otras innovaciones necesarias para seguir por esta senda. Los gobiernos de todo el mundo acaban de instituir tarifas que pagan a empresas y propietarios una prima por la electricidad renovable que producen y devuelven. También se están popularizando cada vez más las hipotecas verdes con bajos intereses que permiten a empresas y propietarios “pagar mientras ahorran” en energías que también se están popularizando cada vez más.

El nuevo sistema que tiene que emerger también contiene la promesa de la reestructuración de nuestra economía. Los sistemas energéticos basados en los combustibles fósiles favorecieron las economías verticales de las grandes empresas centralizadas. En cambio, la era de las energías renovables proporcionará a multitud de pequeñas y medianas empresas, así como a las grandes empresas, la posibilidad de compartir sus energías en redes que funcionarán más como ecosistemas que como mercados. Al igual que millones de personas comparten música en la red anulando a las principales empresas discográficas, millones de productores de energía que compartan electricidad podrán eclipsar la actual producción energética convencional que generan las grandes empresas eléctricas y de servicios públicos. En el ocaso de la era del petróleo, esta visión ofrece la esperanza de una nueva era a mediados de siglo y la posibilidad de que podamos evitar cambios climáticos que serían catastróficos. La cuestión radica en saber si seremos capaces de ver las posibilidades económicas que tenemos por delante, y tener la voluntad de llegar a tiempo.


El autor es profesor en el programa de educación de ejecutivos de Wharton School. Su siguiente libro se titula “La tercera revolución industrial: cómo el poder lateral está transformando la energía y cambiando el mundo”

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JEREMY RIFKIN